Así lo revela un estudio realizado en EE UU.
Se trata del Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (SARM).
Los expertos recomiendan reducir el consumo general de antibióticos
Una investigación llevada a cabo en Estados Unidos sugiere que entre el 2001 y el 2006 habría aumentado significativamente la proporción de casos de sinusitis aguda y crónica, en los que se aisló una superbacteria infecciosa.
La sinusitis comienza habitualmente cuando un resfriado de origen viral provoca inflamación en el tejido de las paredes internas de los senos paranasales. A veces, esto produce una infección bacteriana.
El 98% de los casos de sinusitis aguda es viral y se soluciona sin antibióticos
Como lo indica su nombre, el Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (SARM) es una bacteria resistente al antibiótico meticilina. Pero es también altamente resistente a otros fármacos, incluidas la penicilina y la amoxicilina, lo que dificulta su tratamiento.
El equipo del doctor Itzhak Brook, autor principal del estudio, analizó cultivos de 458 pacientes con sinusitis aguda o crónica. De esos casos, 215 ocurrieron entre el 2001 y el 2003 y 243, entre el 2004 y el 2006.
Para la sinusitis aguda, el porcentaje de pacientes con SARM subió del 30 al 69% entre los dos períodos, un aumento significativo. Del mismo modo, el porcentaje de aumento de la sinusitis crónica aumentó del 27 al 61%.
Menos antibióticos
En general, 122 de los 214 pacientes con sinusitis crónica habían recibido un antibiótico en los tres meses previos. La tasa de aislamientos de SARM en esos pacientes fue del 23% comparada con 11% en los participantes que no habían recibido un antibiótico…[]
Dos telescopios giratorios en el Teide tratarán de encontrar indicios de las ondas gravitacionales del inicio del Universo
Se puede resumir la historia del Universo como un instante de agitación y 14.000 millones de años de espera. Durante ese tiempo, el Universo ha ido enfriándose y estructurándose hasta evolucionar en un aparatoso mobiliario cósmico. Pero el proceso por el cual la materia se ha organizado no es fácil de estudiar. Desprovistos de las herramientas experimentales necesarias para acercarse al instante inicial de la Gran Explosión, los astrónomos han tenido que buscar pruebas indirectas.
En 1964 se detectó, de forma casual, un débil ruido que parecía provenir con la misma intensidad de todas las direcciones. Se trataba de la imagen más antigua del cosmos, el eco del Big Bang. Conocida con el nombre de Fondo Cósmico de Microondas, esta radiación fósil es objeto de un innovador experimento concebido por el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y bautizado como Quijote.
Según explica el profesor del CSIC e investigador del IAC Rafael Rebolo, director del experimento, “está formado por dos telescopios situados en el Observatorio del Teide que estarán girando constantemente como grandes molinos y barrerán el cielo, midiendo las microondas que nos llegan del origen del Universo”. Quijote es un proyecto complementario al satélite Planck de la Agencia Europea del Espacio (ESA), que está actualmente en fase de ajustes antes de su lanzamiento. El primer telescopio del experimento estará listo en diciembre y el segundo, más potente y complejo, se pondrá en marcha el año que viene.
“Después de eso necesitaremos tres años de trabajo para que los datos obtenidos, en combinación con los que obtenga el satélite Planck, nos permitan extraer información sobre la radiación de fondo”, aclara el investigador.
En la década de 1990, el satélite estadounidense COBE sorprendió a los científicos al encontrar variaciones en la intensidad de esa radiación aparentemente homogénea. Estas pequeñas irregularidades en el tejido original hicieron que existieran zonas más densas que, como una bola de nieve, fueron arrastrando progresivamente hacia ellas la materia del entorno. “Estas variaciones constituyen las semillas que dieron lugar, por evolución gravitatoria, a la formación de las grandes estructuras que observamos hoy día: galaxias, cúmulos y supercúmulos”, explica Rebolo.
Los resultados serán fundamentales para la demostración de la existencia de ondas gravitacionales, una ondulación del espacio-tiempo como la que produce una piedra en la superficie de un estanque, según predice la teoría de la relatividad.
Distorsión del espacio-tiempo
Según Rebolo, “hay predicciones claras de que cerca del instante inicial se generan ondas gravitacionales en el Universo que distorsionan el espacio-tiempo. Su estudio nos dirá cuál fue la energía asociada a esa época y así conocer las propiedades de otras entidades, antes de que la materia y la radiación existiesen como las conocemos hoy, que podrían ser causantes de la expansión acelerada del Universo”, explica…
Un estudio sitúa un yacimiento de Jordania en la época del monarca bíblico
Donde los relatos históricos se funden con los textos sagrados, arqueólogos e historiadores encuentran pocos indicios demostrables para separar realidad de ficción.
Un ejemplo es el de las minas del rey Salomón, yacimientos míticos al servicio de un personaje ya de por sí discutido. Salomón, célebre por su sabiduría y buen juicio, hijo del poderoso soberano israelí David, aparece mencionado tanto en el Antiguo Testamento como en el Corán, pero las pruebas de su existencia real fuera de las escrituras religiosas son escasas.
Ahora, un nuevo estudio publicado en PNAS por arqueólogos de EEUU, Europa y Jordania ha devuelto al relato bíblico del rey sabio y sus minas la coherencia que había perdido en las últimas décadas.
Según los directores del trabajo, Thomas Levy, de la Universidad de California, y el jordano Mohammad Najjar, de Amigos de la Arqueología, los científicos de la Edad Dorada de la arqueología bíblica, en la década de 1930, trabajaban “con la espátula en una mano y la Biblia en la otra”, tratando de ajustar las pruebas empíricas al relato sagrado.
Uno de ellos fue el estadounidense Nelson Glueck, que afirmó haber hallado las minas de Salomón en el distrito jordano de Faynan, el reinado bíblico de Edom, unos 50 kilómetros al sur del Mar Muerto. A partir de la década de 1980, nuevos estudios refutaron las tesis de Glueck, al proponerse que la industria del metal no entró en la región hasta el siglo VII a.C., casi 300 años después del hipotético reinado de Salomón….
Muerto: 24 May 1543 en Frauenburg (ahora Frombork), Polonia
Nicolaus Copernicus es la versión latina del nombre del famoso astrónomo que eligió más adelante en su vida. La forma original de su nombre era Mikolaj Kopernik o Nicolaus Koppernigk pero usaremos Copérnico a lo largo de este artículo. Su padre, también llamado Nicolaus Koppernigk, había vivido en Cracovia antes de mudarse a Torun en el que estableció un negocio de comercio de cobre. Estaba también interesado en la política local y se convirtió en un líder ciudadano en Torun y en magistrado. Se casó con Bárbara Watzenrode, que venía de una familia de bien de Torun, alrededor de 1463. Se mudaron a una casa en la Calle St. Anne de Torun, pero también tenían una residencia de verano con viñedos en las afueras. Nicolás y Bárbara Koppernighk tuvieron cuatro hijos, dos niños y dos niñas, de los que Nicolás Copérnico fue el más joven.
Cuando el joven Nicolás tenía diez años su padre murió. Su tío Lucas Watzenrode, que era canónigo en la Catedral de Frauenburg se convirtió en el tutor de los cuatro hijos de Nicolaus y Barbara Koppernigk.
Nicolás y su hermano Andreas permanecieron en Torun, continuando su educación elemental allí. En 1488 Nicolás fue enviado por su tío a la escuela de la catedral de Wloclawek en donde recibió una buena educación humanista estándar. Tras tres años de estudio en Wloclawek ingresó en la Universidad de Cracovia (situada en lo que entonces era la capital de Polonia). Por esta época Lucas Watzenrode fue Obispo de Ermland e imaginó una carrera eclesiástica para sus dos sobrinos. Andreas, el hermano de Nicolás, entró en la Universidad de Cracovia al mismo tiempo, y sus dos nombres aparecen en los registros de matriculación de 1491-92.
La educación universitaria en Cracovia fue, según escribió Copérnico más tarde, un factor vital en todo lo que consiguió más tarde. Allí estudió latín, matemáticas, astronomía, geografía y filosofía. Adquirió sus conocimientos de astronomía del Tractatus de Sphaera de Johannes de Sacrobosco escrito en 1220. Uno no creería, sin embargo, que los cursos de astronomía que Copérnico estudió fueran cursos científicos en el sentido moderno. Eran más cursos de matemáticas que presentaban la visión del universo de Aristóteles y Tolomeo de forma que los estudiantes pudieran comprender el calendario, calcular las fechas de los días de fiesta, y también tener habilidades que capacitaran a aquellos que iban a seguir una profesión más práctica hacia la navegación marítima. También se enseñaba como una parte principal de la astronomía lo que hoy podríamos llamar astrología, enseñando a los estudiantes a calcular los horóscopos de la gente a partir de la hora exacta de su nacimiento.
Mientras era estudiante en Cracovia, Copérnico adquirió una copia de la traducción latina de los Elementos de Euclides publicada en Venecia en 1482, una copia de la segunda edición de las Tablas Alfonsinas(que contiene la teoría planetaria y los eclipses) impresa en Venecia en 1492, y las Tablas de Direcciones de Regiomontano (un trabajo sobre astronomía esférica) publicadas en Augsburgo en 1490. Es de destacar que las copias de Copérnico de estos trabajos, firmadas por él, se conservan todavía.
Fue mientras estudiaba en Cracovia cuando Copérnico comenzó a usar su versión en latín de su nombre mejor que Kopernik o Koppernigk. Volvió a Torun tras cuatro años de estudio en Cracovia pero, como era común en la época, no se graduó formalmente con un título. Su tío Lucas Watzenrode estaba todavía decidido a que Copérnico tuviera una carrera en la Iglesia y de hecho era ésta una profesión que daría seguridad a alguien que perseguía aprender. A fin de obtener las calificaciones necesarias, Copérnico decidió ir a la Universidad de Bolonia a conseguir un título en legislación canónica. En el otoño de 1496 viajó a Italia, entrando en la Universidad de Bolonia el 19 de Octubre de 1496, para comenzar tres años de estudio. Como hablante nativo de alemán se unió a la ‘Nación Alemana de la Universidad de Bolonia’. Cada estudiante contribuía a la ‘Nación Alemana’ con la cantidad que pudiera permitirse y la pequeña contribución que hizo Copérnico indica su pobre posición financiera en aquella época.
Mientras él estaba allí su tío propuso su nombre para la posición de canónigo en la catedral de Frauenburg. El 20 de Octubre de 1497, mientras estaba en Bolonia, Copérnico recibió la notificación oficial de su nombramiento como canónigo y de la cómoda paga que recibiría sin tener que volver a llevar a cabo otras obligaciones. En la Universidad de Bolonia Copérnico estudió griego, matemáticas y astronomía además de su curso oficial de derecho canónico. Alquiló habitaciones en la casa del profesor de astronomía Domenico María de Novara y comenzó a abordar la investigación con él, asistiéndole en sus observaciones. El 9 de Marzo de 1497 observó cómo la luna eclipsaba a la estrella Aldebarán.
En 1500 Copérnico visitó Roma, como se alentaba a todos los cristianos a hacer para celebrar el gran jubileo, y permaneció allí durante un año dando conferencias a los escolares sobre matemáticas y astronomía. Mientras estaba en Roma observó un eclipse de luna que tuvo lugar el 6 de Noviembre de 1500. Regresó a Frauenburg (también conocida como Frombork) en la primavera de 1501 y se instaló oficialmente como canónigo del Cabildo de Ermland el 7 de Julio. No había completado su titulación en derecho canónico en Bolonia por lo que pidió a su tío que le permitiera regresar a Italia tanto para conseguir un título en leyes como para estudiar medicina. Copérnico fue autorizado a salir el 27 de Julio de 1501 :
[…] principalmente porque Nicolás prometió estudiar medicina, y como un médico útil podría algún día aconsejar a nuestro muy reverendo obispo y también a los miembros del Cabildo.
Como indica esta cita, al Cabildo Catedralicio le gustó esta proposición para estudiar medicina y proporcionó los fondos necesarios. Se puso en camino de nuevo hacia Italia, esta vez hacia Padua. Copérnico tenía otra razón para regresar a Italia, que casi con seguridad no reveló, y fue el continuar sus estudios de astronomía.
Padua era famosa por su escuela médica y mientras estuvo allí Copérnico estudió tanto medicina como astronomía. En esa época la astronomía era esencialmente astrología y, como tal, considerada relevante para la medicina ya que los médicos usaban la astrología. En la primavera de 1503 decidió formalmente obtener su doctorado en Derecho Canónico, pero no regresó a Bolonia sino que en su lugar obtuvo el título en la Universidad de Ferrara. Tras recibir su doctorado, Copérnico permaneció en Ferrara durante unos cuantos meses antes de regresar a Padua para continuar sus estudios de medicina. No hay registro de que nunca se graduara por Padua.
Cuando regresó a su tierra natal, Copérnico fue de nuevo autorizado a abandonar sus obligaciones oficiales como canónigo en el Cabildo de Ermland en Frauenburg. Esto se le permitió para ser el médico de su tío materno Lucas Watzenrode, el Obispo de Ermland, pero él desempeñó más obligaciones para su tío que las médicas llegando a convertirse esencialmente en su secretario privado y consejero personal. Durante unos cinco años él llevó a cabo estos deberes y durante este periodo vivió en el Castillo de Heilsberg, a unas cuantas millas de Frauenburg, la residencia oficial del Obispo de Ermland.
En 1509 Copérnico publicó un trabajo, que fue debidamente impreso, aportando las traducciones latinas de la poesía griega del oscuro poeta Theophylactus Simocattes. Mientras acompañaba a su tío en una visita a Cracovia, dio un manuscrito del libro de poesía a un amigo editor allí. Lucas Watzenrode murió en 1512 y a continuación Copérnico renovó sus deberes como canónigo en el Cabildo de Ermland en Frauenburg. Ahora tenía más tiempo que antes para dedicarse a sus estudios de astronomía, teniendo un observatorio en las habitaciones en las que había vivido en una de las torres de las fortificaciones de la ciudad.
Alrededor de 1514 distribuyó un pequeño libro, no impreso sino manuscrito, a unos pocos de sus amigos que sabían que él era el autor incluso aunque no se mencionaba autor en la portada. Este libro, usualmente llamado el Pequeño Comentario, parte de la teoría de Copérnico de un universo con el sol en su centro. El Pequeño Comentario es un documento fascinante. Contiene siete axiomas que Copérnico da, no en el sentido de que son evidentes por si mismos, sino en el sentido de que basará sus conclusiones en estos axiomas y nada más; ¿Cuáles son los axiomas?. Vamos a enunciarlos:
No hay ningún centro en el universo.
El centro de la Tierra no es el centro del universo.
El centro del universo está cerca del sol.
La distancia desde la Tierra al sol es imperceptible comparado con la distancia a las estrellas.
La rotación de la Tierra explica la aparente rotación diaria de las estrellas.
El aparente ciclo anual de movimientos del sol está causado por la Tierra girando a su alrededor.
El movimiento retrógrado aparente de los planetas está causado por el movimiento de la Tierra desde la que lo observamos.
Algunos han destacado que los 2, 4, 5 y 7 pueden ser deducidos del 3 y del 6 pero nunca fue el propósito de Copérnico dar un conjunto mínimo de axiomas. El más destacable de los axiomas es el 7, por que aunque estudiosos anteriores habían afirmado que la Tierra se movía, algunos afirmando que se movía alrededor del sol, nadie antes de Copérnico parece haber explicado correctamente el movimiento retrógrado de los planetas exteriores. Ya cuando escribió su Pequeño Comentario Copérnico planeaba escribir un trabajo mayor, por lo que él escribió en éste.
En 1533, Johann Albrecht Widmannstetter envió a Roma una serie de cartas resumiendo la teoría de Copérnico. Éstas fueron oídas con gran interés por el Papa Clemente VII y varios cardenales católicos.
Para 1536 el trabajo de Copérnico estaba cercano a su forma definitiva, y rumores acerca de su teoría habían llegado a oídos de toda Europa. Copérnico fue urgido a publicar desde diferentes partes del continente.
En una epístola fechada de noviembre de 1536, el Arzobispo de Capua Nikolaus Cardinal von Schönberg pidió a Copérnico comunicar más ampliamente sus ideas y solicitó una copia para sí. Algunos han sugerido que esta carta pudo haber hecho a Copérnico sospechoso a publicar, mientras que otros han sugerido que esto indicaba el deseo de la iglesia de asegurarse que sus ideas fueran publicadas
A pesar de la presión ejercida por parte de diversos grupos, Copérnico retrasó la publicación de su libro, tal vez por miedo al criticismo. Algunos historiadores consideran que de ser así, estaba más preocupado por el impacto en el mundo científico que en el religioso.
Las ideas principales de su teoría son:
Los movimientos celestes son uniformes, eternos, y circulares o compuestos de diversos ciclos (epiciclos).
El centro del universo se encuentra cerca del Sol.
Orbitando el Sol, en orden, se encuentran Mercurio, Venus, la Tierra y la Luna, Marte, Júpiter, Saturno
Las estrellas son objetos distantes que permanecen fijas y por lo tanto no orbitan alrededor del Sol.
La Tierra tiene tres movimientos: la rotación diaria, la revolución anual, y la inclinación anual de su eje.
El movimiento retrógrado de los planetas es explicado por el movimiento de la Tierra.
La distancia de la Tierra al Sol es pequeña comparada con la distancia a las estrellas.
Su obra maestra, De Revolutionibus Orbium Coelestium (Sobre las Revoluciones de las Esferas Celestes), fue escrita a lo largo de unos veinticinco años de trabajo (1507-32) y fue publicada póstumamente el 1543 por Andreas Osiander, pero muchas de las ideas básicas y de las observaciones que contiene circularon a través de un opúsculo titulado The hypothesibus motuum coelestium a se constitutis commentariolus (no editado hasta 1878), que, pese a su brevedad, es de una gran precisión y claridad.
El sistema copernicano (De Revolutionibus Orbium Coelestium).Copérnico estudió los escritos de los filósofos griegos buscando referencias al problema del movimiento terrestre, especialmente los pitagóricos y Heráclides Póntico quienes creían en dicha teoría. En cuanto a la teoría heliocéntrica en sí, hasta donde se sabe hoy, fue concebida por primera vez por Aristarco de Samos (310-230 a. C.), a quien curiosamente no nombra en su obra.[2] Es preciso centrar el valor real de sus estudios en el hecho de reimponer teorías ya rechazadas por el «sentido común» y de darles una estructuración coherente y científica.
La ruptura básica que representaba para la ideología religiosa medieval, la sustitución de un cosmos cerrado y jerarquizado, con el hombre como centro, por un universo homogéneo e infinito, situado alrededor del Sol, hizo dudar a Copérnico de publicar su obra, siendo consciente de que aquello le podía acarrear problemas con la Iglesia; desafortunadamente, a causa de una enfermedad que le produjo la muerte, no alcanzó a verla publicada. Copérnico aún estaba trabajando en el De revolutionibus orbium coelestium (aunque aún no convencido de querer publicarlo) cuando en 1539 Georg Joachim Rheticus, un matemático de Wittenberg, llegó a Frombork. Philipp Melanchthon había arreglado para Rheticus su visita a diversos astrónomos y el estudio con ellos. Rheticus se convirtió en el pupilo de Copérnico, viviendo con él por dos años, tiempo durante el cual escribió un libro, Narratio Prima (primer recuento), resumiendo la esencia de la teoría de Copérnico. En 1542 Rheticus publicó un tratado de trigonometría escrito por Copérnico (incluido después en el segundo libro de De revolutionibus). Bajo gran presión por parte de Rheticus, y habiendo visto la reacción favorable del público frente a su trabajo, Copérnico finalmente accedió entregar el libro a su amigo cercano Tiedemann Giese, obispo of Chełmno (Kulm), a ser entregado a Rheticus para ser impreso por Johannes Petreius en Nuremberg (Nürnberg). La primera edición del “De Revolutionbus” aparece en 1543 (el mismo año de la muerte del autor), con una larga introducción en la que dedica la obra al Papa Pablo III, atribuyendo su motivo ostensible para escribirla a la incapacidad de los astrónomos previos para alcanzar un acuerdo en una teoría adecuada de los planetas y haciendo notar que si su sistema incrementaba la exactitud de las predicciones astronómicas, esto permitiría que la Iglesia desarrollara un calendario más exacto (un tema por entonces de gran interés y una de las razones para financiar la astronomía por parte de la Iglesia).
El trabajo en sí estaba dividido en seis libros:
1. Visión general de la teoría heliocéntrica, y una explicación corta de su concepción del mundo.
2. Básicamente teórico, presenta los principios de la astronomía esférica y una lista de las estrellas (como base para los argumentos desarrollados en libros siguientes).
3. Dedicado principalmente a los movimientos aparentes del Sol y a fenómenos relacionados.
4. Descripción de la Luna y sus movimientos orbitales.
5. Explicación concreta del nuevo sistema.
6. Explicación concreta del nuevo sistema(continuado).
Poner en tela de juicio que el hombre está en el centro del Universo para contemplarlo significa ir en contra del más grande de los ideales: el de la contemplación por parte del hombre de la majestuosidad de los cielos hechos por Dios. La importancia de la obra de Copérnico es ser una obra revolucionaria, precursora de grandes cambios científicos. Dicho carácter revolucionario no está sólo en sus escritos sino en poner en marcha unos caminos que romperán las barreras del pensamiento. No debemos olvidar que la obra de Copérnico sigue ligada al Mundo Antiguo, ya que ciertas premisas platónicas siguen vigentes en su pensamiento como los dos grandes principios de uniformidad y circularidad. Sin embargo con su obra se afianza otra gran idea propia de la modernidad: la naturaleza va perdiendo su carácter teológico, el hombre ya no es el centro del universo, sino que Copérnico le desplaza a una posición móvil, como la de cualquier otro planeta. A partir de Copérnico se desencadena la idea de que el hombre ahora está gobernado por su Razón, que será la facultad del ser humano que hace que tome parte en el ordenamiento del Universo. Así el hombre pasa a ser un ser autónomo que basa dicha autonomía en su capacidad de raciocinio. La razón humana puede ahora apoderarse de la Naturaleza: dominarla y controlarla. Así el hombre deja de ser el centro físico del Universo para convertirse en el centro racional del Universo. A partir de ahora nos enfrentamos al mundo, no contemplándolo, sino construyendo hipótesis a través de las capacidades del hombre, que contrastadas con la naturaleza se podrán dar por válidas o no.
En este caso particular, Copérnico tuvo en contra al cristianismo de la época que hizo suyos los presupuestos aristotélicos del mundo antiguo. Aristóteles escribió de teoría literaria, política, ética, metafísica, lógica, meteorología, física, biología, astronomía… y todo ello integrado coherentemente, lo que hacía muy difícil atacar una parte sin atacar al todo. A la vez, permitía, por esa misma razón, dejar de lado pequeñas dificultades que pudieran surgir en aspectos parciales. Esa es la razón fundamental de su permanencia como visión del mundo a lo largo de dos mil años. Si además se añade que, tras su descubrimiento por parte del mundo medieval, este sistema fue cristianizado y asumiendo por la Iglesia católica a través de la obra de Santo Tomás de Aquino, comprenderemos mejor la resistencia que opuso a su superación y hasta que punto determinó, no sólo la historia de la astronomía, sino de la ciencia y de la cultura.
La difusión de la teoría copernicana se lleva a cabo sobre un fondo político e histórico en el que es de importancia fundamental el problema religioso existente desde 1517 con la irrupción en escena del luteranismo. En 1545 se inició el Concilio de Trento, que después de tres sesiones, con su final en 1563, deja establecida la reforma radical de la Iglesia e impone un programa de recuperación y defensa del dogma frente al mundo reformista. Pío V y Gregorio XIII, entre 1566 y 1585 culminarán el proceso de recuperación de la Iglesia católica en la segunda mitad del siglo XVI, solventado los problemas de disensión interna y de jerarquía. Difunden la enseñanza eclesiástica y recuperan importancia e influencia en los países en que la creencia protestante se había hecho fuerte. Pero los sucesos acaecidos en los cielos durante a finales del siglo XVI y las observaciones que Copérnico hizo de estos, minaron ciertamente la autoridad y credibilidad de la filosofía que sustentaba la astronomía ptolemaica. La Iglesia protestante paulatinamente se rinde ante la situación y su oposición al heliocentrismo desaparece. Se da un vuelco en la situación. A partir del final de siglo será la Iglesia católica la que, utilizando su poder organizado en la Inquisición, convertirá al heliocentrismo en el enemigo más inmediato.
En cualquier caso no todo deben ser reproches a la Iglesia, porque si bien posteriormente la obra de Copérnico fue condenada, fue esta misma Iglesia católica la que permitió que el científico pudiera concebir, escribir y publicar. La biografía de Copérnico está enormemente influenciada por la Iglesia desde el momento en el que con diez años queda huérfano y es acogido por su tío, canónigo que un tiempo después llegaría a ser Obispo. Sería su tío Lucas quien tuviera prevista una larga etapa de formación académica en universidades de prestigio como las de Cracovia y Padua, y además sería gracias al respaldo de la Iglesia de Roma y a sus posesiones por lo que Nicolás Copérnico (y su familia) no deberían volver a preocuparse por los aspectos materiales de su vida, pues tendrían ingresos garantizados. La educación que su tío le proporcionó fue la que hicieron posibles las observaciones de los cielos y los estudios sobre astronomía que Copérnico realizó por las mejores Universidades de Europa.
A la muerte de su tío Lucas en 1512, los sucesivos obispos confiarán en Copérnico, bien como canciller, bien como administrador o visitador, y comenzará para él una época de actividad que casi podría describirse como febril. Durante los siguientes veinte años al menos, Copérnico deberá atender a la administración de bienes y servicios de la diócesis, llevará a cabo intensas gestiones diplomáticas… y además de todo eso, observará el cielo, anotará pacientemente posiciones del Sol, días y horas de eclipses, ocultaciones y conjunciones, y comprobando pacientemente y de forma minuciosa cada dato conocido irá elaborando su obra magna, el “De Revolutionibus”. Sólo utilizó tres instrumentos: el Cuadrante, el Astrolabio y el “instrumento paraláctico”. Con ellos, desde su torre, observará Sol, Luna y estrellas durante esos años. La última observación que utiliza en el “De Revolutionibus” es del 12 de Marzo de 1529 y lo es del planeta Venus. Por entonces debía estar finalizando su redacción y tenía ya 56 años.
Prácticamente todos los especialistas piensan que “De Revolutionibus” estaba acabado en torno a 1530. Pero Copérnico no lo publica. Que se sepa, ni intenciones de hacerlo tuvo. ¿Por qué Copérnico, que llevaba quizás 20 años o más trabajando en esa obra, se mostraba indeciso para publicarla? Él mismo esbozará algunos motivos en la dedicatoria del “De Revolutionibus”, pero, ¿por qué? Sólo caben hipótesis: Los datos que profusamente utilizaba en su obra provenían de las obras antiguas y, por consiguiente, podían tener errores notables acumulados; por otro lado estaba el problema de la reforma religiosa planteada por el luteranismo y la sensación de vivir un periodo de ortodoxia cambiante en el que, quizás (y Copérnico sí que dio siempre muestras de portarse así) lo mejor era guardar cierta distancia y prudencia respecto a ciertas formulaciones que pudieran “herir sensibilidades” filosóficas o religiosas. Si a todo esto se añade (¿por qué no creerlo, si él mismo lo dice?) sus veleidades elitistas inspiradas en el secretismo pitagórico, quizás podamos hacernos una idea de por qué “De Revolutionibus” permaneció probablemente otra docena de años oculto.
El libro apareció en la primavera de 1543. La edición incluía la advertencia al lector redactada por Osiander, la carta que el cardenal Schönberg había escrito a Copérnico en 1536 y una dedicatoria del propio Copérnico al Papa Pablo III, que será el texto que ahora nos ocupa. Todos los documento citados son de suprema importancia, pero el tercero destaca por encima de los otros dos por ser en el que Copérnico nos dice algo sobre la génesis de su trabajo.
En la dedicatoria de Copérnico al Papa, el autor primeramente da por cierto que poner en movimiento la Tierra causará peticiones de condena, por lo que durante largo tiempo dudó si darlo a conocer u operar al estilo pitagórico. Además, hace saber al Papa cómo puedo habérsele ocurrido poner a la Tierra en movimiento. En primer lugar, dice que los matemáticos no están de acuerdo con las investigaciones ya que no se ponían de acuerdo en la duración del año, inseguros de los movimientos del Sol y la Luna respectivamente. Además, para explicar sus teorías utilizan distintos supuestos y demostraciones (sin unificar una serie de principios válidos universalmente). Admiten muchas cosas que contravienen los primeros principios acerca de la regularidad del movimiento de los astros, y tampoco han sido capaces de hallar lo más importante, “la forma del mundo y la inmutable simetría de sus partes”.
La obra de Copérnico y los cambios que propone se proyectan sobre el estado anterior de la astronomía y sobre el entramado científico y filosófico que con él se asociaban. En el texto que ahora comentamos, el autor hace un breve repaso por todas aquellas partes de la astronomía anterior a él que quedan obsoletas a partir de sus descubrimientos: la inseguridad sobre los movimientos del Sol y la Luna (ya que sus movimientos anuales no se podían establecer con seguridad), la explicación del movimiento de los planetas tampoco resultaba aceptable ya que no se utilizaban los mismos supuestos para todos (ya que en unos casos se utilizan círculos homocéntricos, en otros excéntricos, epiciclos, etc.),y sobre todo, que el Universo era tomado como un sistema por partes que carece de unidad. De esta manera, al final del texto, el autor reflexiona y explica que la astronomía que le precedía era confusa en el sentido de que no se seguían principios seguros sino que en unos casos se utilizaban unas explicaciones, en otros otras, y que por lo tanto se llega a un “método” incompleto (ya que si las hipótesis que se plantearon fuera ciertas, ciertamente podrían demostrarse con facilidad.)
Las ideas principales de la obra de Copérnico, que se oponen a las anteriores a él, son entre otras, su idea de preservar la unidad de movimientos y crear un sistema de círculos más racional. El helioestatismo y el heliocentrismo no son las premisas sino la conclusión. Además, elimina los ecuantes de la astronomía porque no parecen respetar los principios básicos de Platón. Cambia también de hipótesis y toma la de que el Sol permanece quieto y la Tierra se mueve (con una serie de movimientos distintos: el movimiento de rotación, el de traslación y el de declinación que sirve para explicar los equinoccios). Para esto, Copérnico plantea sus hipótesis: que no existe un centro único de todas las esferas celestes, y que además el centro de La Tierra no es el centro del Universo (sino el centro lunar y el centro de gravedad). Todas las esferas giran en torno al Sol, que es el centro de giro de ellas, y el Sol está en las proximidades del centro del Mundo; supera el problema del paralaje si pensamos que las estrellas están a una distancia muchísimo superior a lo que se pensaba anteriormente. Además, cualquier movimiento que parezca realizado en la esfera de las estrellas no es tal; sino que lo que se mueve es la Tierra (que gira cada día y da una vuelta completa, mientras que la esfera de las estrellas está inmóvil). De esta misma manera, los movimientos del Sol no se deben a él, sino a la Tierra que gira en torno a él igual que el resto de planetas; y los movimientos retrógrados y directos de los planetas no se deben a ellos, sino al movimiento de la Tierra. Vemos por lo tanto que el plantear la hipótesis de que la Tierra se mueve sirve para explicar muchas de las irregularidades de los movimientos del Universo: elimina antiguos problemas y herramientas complicadas como los ecuantes, las esferas celestes, etc.
De esta manera llegamos a la conclusión de que la idea principal de Copérnico fue la de conservar las ideas y principios de la Antigüedad pero con otra hipótesis: la del movimiento de la Tierra. Ptolomeo sólo ofrece una caja de herramientas para resolver problemas, mientras que Copérnico unirá todos esos problemas para dar una configuración completa del Sistema Planetario: un Universo finito y cerrado pero con las estrellas infinitamente alejadas, idea que daría píe a que sus sucesores planteasen la idea de un Universo infinito. Por eso insistimos en que la importancia fundamental de Copérnico no fueron sus ideas en sí, sino lo que estas significaron para abrir pico paso a los descubrimientos astronómicos posteriores.
Como curiosidad, el primer ejemplar de la publicación llegó a Nicolás Copérnico el mismo día de su muerte, el 24 de mayo de 1543.
Teoría heliocéntrica
Esta teoría sin embargo también requería de complicados mecanismos para la explicación de los movimientos de los planetas, debido a la perfección de la esfera. Estimulado por algunos amigos Copérnico publica un resumen en manuscrito, en sus comentarios establece su teoría en 6 axiomas, reservando la parte matemática para el trabajo principal que se publicaría bajo el título “Sobre las revoluciones de las esferas celestes”.
A partir de aquí la teoría heliocéntrica comenzó a expandirse. Rápidamente surgieron también sus detractores, siendo los primeros los teólogos protestantes aduciendo causas bíblicas. En 1616 La iglesia Católica colocó el trabajo de Copérnico en su lista de libros prohibidos.
La obra de Copérnico sirvió de base para que, más tarde, Galileo, Brahe y Kepler pusieran los cimientos de la astronomía moderna.
El temporal produjo una disminución de su alimentación solar que obligó a la NASA a reducir sus actividades científicas de ese día.
La tormenta, que cruzó la región de oeste a este, llegó debilitada hacia la Phoenix, pero hace presagiar un duro e inestable clima otoñal e invernal en la zona polar ártica de Marte.
Potencia limitada
El director del proyecto Phoenix, Barry Goldstein de Jet Propulsion Laboratory de la NASA ha explicado que los acontecimientos del fin de semana ha provocado que los paneles solares de la sonda se hayan visto tapados, limitando así la única fuente de energía de la Phoenix.
Los niveles de energía de la sonda "bajaron dramáticamente", según ha afirmado Goldstein a SPACE.com, pero parece que se está recuperando a lo largo de la semana.
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Kepler nació en el seno de una familia de religión protestante luterana, instalada en la ciudad de Weil-der-Stadt en Alemania (Baden-Wurtemberg). Su abuelo había sido el alcalde de la ciudad, pero cuando nació Kepler, la familia se encontraba en decadencia. Su padre, Heinrich Kepler, era mercenario en el ejército del Duque de Württemberg y, siempre en campaña, raramente estaba presente en su domicilio. Su madre, Catherine, que llevaba una casa de huéspedes, era una curandera y herbalista, que más tarde será acusada de brujería. Kepler, nacido prematuramente a los siete meses de embarazo e hipocondríaco de naturaleza endeble, sufrió toda su vida una salud frágil. A la edad de tres años, contrae la viruela, lo que, entre otras cosas secuelas, debilitará su vista severamente. A pesar de su salud, fue un niño brillante que gustaba impresionar a los viajeros en el hospedaje de su madre con sus fenomenales facultades matemáticas.
Heinrich Kepler tuvo además otros dos hijos menores: Margarette, con la que Kepler se sentía muy próximo, y Christopher, que le fue siempre antipático. Del 1574 al 1576, vivió con su Heinrich - un epiléptico - en casa de sus abuelos mientras que su padre estaba en una campaña y su madre se había ido en su búsqueda.
Al regresar sus padres, Képler se traslada a Leonberg y entra en la escuela latina en 1577. Sus padres le hacen despertar el interés por la astronomía. Con cinco años, observó el cometa de 1577, comentando que su madre lo llevó a un lugar alto para verlo. Su padre le muestra a la edad de nueve años el eclipse de luna del 31 de enero de 1580, recordando que la Luna aparecía bastante roja. Kepler estudiará más tarde el fenómeno y lo explicará en una de sus obras de óptica. Su padre parte de nuevo para la guerra en 1589, desapareciendo para siempre.
Kepler termina su primer ciclo de tres años en 1583, retardado debido a su empleo como jornalero agrícola, entre nueve y once años. En 1584, entra en el Seminario protestante de Adelberg y dos años más tarde, al Seminario superior de Maulbronn.
Obtiene allí su diploma de fin de estudios y entra en 1589 en la universidad de Tubinga. Allí, comienza primeramente por estudiar la ética, la dialéctica, la retórica, griego, el hebreo, la astronomía y la física, y luego más tarde la teología y las ciencias humanas. Continua allí con sus estudios después de obtener una maestría en 1591. Su profesor de matemáticas, el astrónomo Michael Maestlin, le enseñó el sistema heliocéntrico de Copérnico que se reservaba a los mejores estudiantes. Los otros estudiantes tomaban como cierto el sistema geocéntrico de Ptolomeo, que afirmaba que la Tierra estaba inmóvil y ocupaba el centro del Universo, y que el Sol, la Luna, los planetas y las estrellas, giraban a su alrededor. Kepler se hizo así un copernicano convencido y mantuvo una relación muy estrecha con su profesor; no vaciló en pedirle ayuda o consejo para sus trabajos.
Mientras que Kepler planeaba hacerse ministro luterano, la escuela protestante de Graz busca a un profesor de matemáticas. Abandona entonces sus estudios en teología para tomar el puesto y deja Tubinga en 1594. En Graz, publica almanaques con predicciones astrológicas - que los realizaba - aunque el negaba algunos de sus preceptos. En la época, la distinción entre ciencia y creencia no estaba establecida todavía claramente y el movimiento de los astros, todavía bastante desconocido, estaba gobernado por leyes divinas.
Kepler estuvo casado dos veces. El primer matrimonio, de conveniencia, el 27 de abril de 1597 con Barbara Müller. En el año 1600, fue obligado a abandonar Austria cuando el archiduque Francisco Fernando promulgó un edicto contra los protestantes. En octubre de ese mismo año se trasladó a Praga, donde fue invitado por Tycho Brahe, quien había leído algunos trabajos de Kepler. Al año siguiente, Tycho Brahe falleció y Kepler lo sustituyó en el cargo de matemático imperial de Rodolfo II y trabajó frecuentemente como consejero astrológico.
En 1612 falleció su esposa Barbara Müller, al igual que dos de los cinco niños - de edades de apenas uno y dos meses - que habían tenido juntos. Este matrimonio, organizado por sus allegados, lo unió a una mujer “grasa y simple de espíritu”, con carácter execrable. Otro de sus hijos murió a la edad de siete años. Sólo su hija Susanne y su hijo Ludwig sobrevivirán. Al año siguiente, en Linz, se casó con Susanne Reuttinger con la que tuvo siete niños entre los que tres fallecerán muy temprano. Un matrimonio, esta vez, feliz.
En 1615, su madre, entonces a la edad de 68 años, es acusada de brujería. Kepler, persuadido por su inocencia, va a pasar seis años asegurando su defensa ante los tribunales y escribiendo numerosos alegatos. Debió, dos veces, regresar en Wurtemberg. Ella pasó un año encerrada en la torre de Güglingen a expensas de Kepler habiendo escapado por poco de la tortura. Finalmente, fue liberada el 28 de septiembre de 1621. Debilitada por los duros años de proceso y de encarcelamiento, muere seis meses más tarde.
Kepler muere en 1630 en Ratisbona, en Baviera, Alemania, a la edad de 59 años.
En 1632, durante la Guerra de los Treinta Años, el ejército sueco destruyó su tumba y se perdieron sus trabajos hasta el año 1773. Recuperados por Catalina II de Rusia, se encuentran actualmente en el Observatorio de Pulkovo en San Petersburgo, Rusia.
Obra científica
Después de estudiar teología en la universidad de Tubinga, incluyendo astronomía con un seguidor de Copérnico, enseñó en el seminario protestante de Graz. Kepler intentó comprender las leyes del movimiento planetario durante la mayor parte de su vida. En un principio Kepler consideró que el movimiento de los planetas debía cumplir las leyes pitagóricas de la armonía. Esta teoría es conocida como la música o la armonía de las esferas celestes. En su visión cosmológica no era casualidad que el número de planetas conocidos en su época fuera uno más que el número de poliedros perfectos. Siendo un firme partidario del modelo copernicano, intentó demostrar que las distancias de los planetas al Sol venían dadas por esferas en el interior de poliedros perfectos, anidadas sucesivamente unas en el interior de otras. En la esfera interior estaba Mercurio mientras que los otros cinco planetas (Venus, Tierra, Marte, Júpiter y Saturno) estarían situados en el interior de los cinco sólidos platónicos correspondientes también a los cinco elementos clásicos.
En 1596 Kepler escribió un libro en el que exponía sus ideas. Misterium Cosmographicum (El misterio cósmico). Siendo un hombre de gran vocación religiosa, Kepler veía en su modelo cosmológico una celebración de la existencia, sabiduría y elegancia de Dios. Escribió: «yo deseaba ser teólogo; pero ahora me doy cuenta a través de mi esfuerzo de que Dios puede ser celebrado también por la astronomía».
En 1600 acepta la propuesta de colaboración del astrónomo imperial Tycho Brahe, que a la sazón había montado el mejor centro de observación astronómica de esa época. Tycho Brahe disponía de los que entonces eran los mejores datos de obervaciones planetarias pero la relación entre ambos fue compleja y marcada por la desconfianza. No será hasta 1602, a la muerte de Tycho, cuando Kepler consiga el acceso a todos los datos recopilados por Tycho, mucho más precisos que los manejados por Copérnico. A la vista de los datos, especialmente los relativos al movimiento retrógrado de Marte se dio cuenta de que el movimiento de los planetas no podía ser explicado por su modelo de poliedros perfectos y armonía de esferas. Kepler, hombre profundamente religioso, incapaz de aceptar que Dios no hubiera dispuesto que los planetas describieran figuras geométricas simples, se dedicó con tesón ilimitado a probar con toda suerte de combinaciones de círculos. Cuando se convenció de la imposibilidad de lograrlo con círculos, usó óvalos. Al fracasar también con ellos, «sólo me quedó una carreta de estiércol» y empleó elipses. Con ellas desentrañó sus famosas tres leyes (publicadas en 1609 en su obra Astronomía Nova) que describen el movimiento de los planetas. Leyes que asombraron al mundo, le revelaron como el mejor astrónomo de su época, aunque él no dejó de vivir como un cierto fracaso de su primigenia intuición de simplicidad (¿por qué elipses, habiendo círculos?). Sin embargo, tres siglos después, su intuición se vio confirmada cuando Einstein mostró en su Teoría de la Relatividad general que en la geometría tetradimensional del espacio-tiempo los cuerpos celestes siguen líneas rectas. Y es que aún había una figura más simple que el círculo: la recta.
En 1627 publicó las Tabulae Rudolphine, a las que dedicó un enorme esfuerzo, y que durante más de un siglo se usaron en todo el mundo para calcular las posiciones de los planetas y las estrellas. Utilizando las leyes del movimiento planetario fue capaz de predecir satisfactoriamente el tránsito de Venus del año 1631 con lo que su teoría quedó confirmada.
Escribió un biógrafo de la época con admiración, lo grande y magnífica que fue la obra de Kepler, pero al final se lamentaba de que un hombre de su sabiduría, en la última etapa de su vida, tuviese demencia senil, llegando incluso a afirmar que “las mareas venían motivadas por una atracción que la luna ejercía sobre los mares…”, un hecho que fue demostrado años después de su muerte.
Las tres leyes de Kepler
Durante su estancia con Tycho le fue imposible acceder a los datos de los movimientos aparentes de los planetas ya que Tycho se negaba a dar esa información. Ya en el lecho de muerte de Tycho y después a través de su familia, Kepler accedió a los datos de las órbitas de los planetas que durante años se habían ido recolectando. Gracias a esos datos, los más precisos y abundantes de la época, Kepler pudo ir deduciendo las órbitas reales planetarias. Afortunadamente, Tycho se centró en Marte, con una elíptica muy acusada, de otra manera le hubiera sido imposible a Kepler darse cuenta de que las órbitas de los planetas eran elípticas. Inicialmente Kepler intentó el círculo, por ser la más perfecta de las trayectorias, pero los datos observados impedían un correcto ajuste, lo que entristeció a Kepler ya que no podía saltarse un pertinaz error de ocho minutos de arco. Kepler comprendió que debía abandonar el círculo, lo que implicaba abandonar la idea de un “mundo perfecto”. De profundas creencias religiosas, le costó llegar a la conclusión de que la tierra era un planeta imperfecto, asolado por las guerras, en esa misma misiva incluyó la cita clave: “Si los planetas son lugares imperfectos, ¿por qué no deben de serlo las órbitas de las mismas?”. Finalmente utilizó la fórmula de la elipse, una rara figura descrita por Apolonio de Pérgamo una de las obras salvadas de la destrucción de la biblioteca de Alejandría. Descubrió que encajaba perfectamente en las mediciones de Tycho.
Había descubierto la primera ley de Kepler:
Los planetas tienen movimientos elípticos alrededor del Sol, estando éste situado en uno de los focos de la elipse.
Después de ese importante salto, en donde por primera vez lo hechos se anteponían a los deseos y los prejuicios sobre la naturaleza del mundo. Kepler se dedicó simplemente a observar los datos y sacar conclusiones ya sin ninguna idea preconcebida. Pasó a comprobar la velocidad del planeta a través de las órbitas llegando a la segunda ley:
Los planetas, en su recorrido por la elipse, barren áreas iguales en el mismo tiempo.
Durante mucho tiempo, Kepler solo pudo confirmar éstas dos leyes en el resto de planetas. Aún así fue un logro espectacular, pero faltaba relacionar las trayectorias de los planetas entre sí. Tras varios años, descubrió la tercera e importantísima ley del movimiento planetario:
El cuadrado de los períodos de los planetas es proporcional al cubo de la distancia media al Sol.
Esta ley, llamada también ley armónica junto con las otras leyes ya permítía unificar, predecir y comprender todos los movimientos de los astros. Marcando un hito en la historia de la ciencia. Kepler fue el último astrólogo y se convirtió en el primér astrónomo desechando la fe y las creencias y explicando los fenómenos por la mera observación.
Bibliografia Wikipedia.org
Una recopilacion acerca de Kepler y las Leyes de Kepler del video de Carl Sagan, Cosmos 3, La Armonia de los Mundos
Galileo Galilei nació en Pisa el 15 de febrero de 1564. Lo poco que, a través de algunas cartas, se conoce de su madre, Giulia Ammannati di Pescia, no compone de ella una figura demasiado halagüeña. Su padre, Vincenzo Galilei, era florentino y procedía de una familia que tiempo atrás había sido ilustre; músico de vocación, las dificultades económicas lo habían obligado a dedicarse al comercio, profesión que lo llevó a instalarse en Pisa. Hombre de amplia cultura humanista, fue un intérprete consumado y un compositor y teórico de la música, cuyas obras sobre el tema gozaron de una cierta fama en la época. De él hubo de heredar Galileo no sólo el gusto por la música (tocaba el laúd), sino también el carácter independiente y el espíritu combativo, y hasta puede que el desprecio por la confianza ciega en la autoridad y el gusto por combinar la teoría con la práctica. Galileo fue el primogénito de siete hermanos de los que tres (Virginia, Michelangelo y Livia) hubieron de contribuir, con el tiempo, a incrementar sus problemas económicos. En 1574 la familia se trasladó a Florencia y Galileo fue enviado un tiempo al monasterio de Santa Maria di Vallombrosa, como alumno o quizá como novicio.
Juventud académica
En 1581 Galileo ingresó en la Universidad de Pisa, donde se matriculó como estudiante de medicina por voluntad de su padre. Cuatro años más tarde, sin embargo, abandonó la universidad sin haber obtenido ningún título, aunque con un buen conocimiento de Aristóteles. Entretanto, se había producido un hecho determinante en su vida: su iniciación en las matemáticas, al margen de sus estudios universitarios, y la consiguiente pérdida de interés por su carrera como médico. De vuelta en Florencia en 1585, Galileo pasó unos años dedicado al estudio de las matemáticas, aunque interesado también por la filosofía y la literatura (en la que mostraba sus preferencias por Ariosto frente a Tasso); de esa época data su primer trabajo sobre el baricentro de los cuerpos -que luego recuperaría, en 1638, como apéndice de la que habría de ser su obra científica principal- y la invención de una balanza hidrostática para la determinación de pesos específicos, dos contribuciones situadas en la línea de Arquímedes, a quien Galileo no dudaría en calificar de «sobrehumano».
Tras dar algunas clases particulares de matemáticas en Florencia y en Siena, trató de obtener un empleo regular en las universidades de Bolonia, Padua y en la propia Florencia. En 1589 consiguió por fin una plaza en el Estudio de Pisa, donde su descontento por el paupérrimo sueldo percibido no pudo menos que ponerse de manifiesto en un poema satírico contra la vestimenta académica. En Pisa compuso Galileo un texto sobre el movimiento, que mantuvo inédito, en el cual, dentro aún del marco de la mecánica medieval, criticó las explicaciones aristotélicas de la caída de los cuerpos y del movimiento de los proyectiles; en continuidad con esa crítica, una cierta tradición historiográfica ha forjado la anécdota (hoy generalmente considerada como inverosímil) de Galileo refutando materialmente a Aristóteles mediante el procedimiento de lanzar distintos pesos desde lo alto del Campanile, ante las miradas contrariadas de los peripatéticos…
En 1591 la muerte de su padre significó para Galileo la obligación de responsabilizarse de su familia y atender a la dote de su hermana Virginia. Comenzaron así una serie de dificultades económicas que no harían más que agravarse en los años siguientes; en 1601 hubo de proveer a la dote de su hermana Livia sin la colaboración de su hermano Michelangelo, quien había marchado a Polonia con dinero que Galileo le había prestado y que nunca le devolvió (por el contrario, se estableció más tarde en Alemania, gracias de nuevo a la ayuda de su hermano, y envió luego a vivir con él a toda su familia).
La necesidad de dinero en esa época se vio aumentada por el nacimiento de los tres hijos del propio Galileo: Virginia (1600), Livia (1601) y Vincenzo (1606), habidos de su unión con Marina Gamba, que duró de 1599 a 1610 y con quien no llegó a casarse. Todo ello hizo insuficiente la pequeña mejora conseguida por Galileo en su remuneración al ser elegido, en 1592, para la cátedra de matemáticas de la Universidad de Padua por las autoridades venecianas que la regentaban. Hubo de recurrir a las clases particulares, a los anticipos e, incluso, a los préstamos. Pese a todo, la estancia de Galileo en Padua, que se prolongó hasta 1610, constituyó el período más creativo, intenso y hasta feliz de su vida.
En Padua tuvo ocasión Galileo de ocuparse de cuestiones técnicas como la arquitectura militar, la castrametación, la topografía y otros temas afines de los que trató en sus clases particulares. De entonces datan también diversas invenciones, como la de una máquina para elevar agua, un termoscopio y un procedimiento mecánico de cálculo que expuso en su primera obra impresa: Le operazioni del compasso geometrico e militare, 1606. Diseñado en un principio para resolver un problema práctico de artillería, el instrumento no tardó en ser perfeccionado por Galileo, que amplió su uso en la solución de muchos otros problemas. La utilidad del dispositivo, en un momento en que no se habían introducido todavía los logaritmos, le permitió obtener algunos ingresos mediante su fabricación y comercialización.
En 1602 Galileo reemprendió sus estudios sobre el movimiento, ocupándose del isocronismo del péndulo y del desplazamiento a lo largo de un plano inclinado, con el objeto de establecer cuál era la ley de caída de los graves. Fue entonces, y hasta 1609, cuando desarrolló las ideas que treinta años más tarde, constituirían el núcleo de sus Discorsi.
El mensaje de los astros
En julio de 1609, de visita en Venecia (para solicitar un aumento de sueldo), Galileo tuvo noticia de un nuevo instrumento óptico que un holandés había presentado al príncipe Mauricio de Nassau; se trataba del anteojo, cuya importancia práctica captó Galileo inmediatamente, dedicando sus esfuerzos a mejorarlo hasta hacer de él un verdadero telescopio. Aunque declaró haber conseguido perfeccionar el aparato merced a consideraciones teóricas sobre los principios ópticos que eran su fundamento, lo más probable es que lo hiciera mediante sucesivas tentativas prácticas que, a lo sumo, se apoyaron en algunos razonamientos muy sumarios.
Sea como fuere, su mérito innegable residió en que fue el primero que acertó en extraer del aparato un provecho científico decisivo. En efecto, entre diciembre de 1609 y enero de 1610 Galileo realizó con su telescopio las primeras observaciones de la Luna, interpretando lo que veía como prueba de la existencia en nuestro satélite de montañas y cráteres que demostraban su comunidad de naturaleza con la Tierra; las tesis aristotélicas tradicionales acerca de la perfección del mundo celeste, que exigían la completa esfericidad de los astros, quedaban puestas en entredicho. El descubrimiento de cuatro satélites de Júpiter contradecía, por su parte, el principio de que la Tierra tuviera que ser el centro de todos los movimientos que se produjeran en el cielo. En cuanto al hecho de que Venus presentara fases semejantes a las lunares, que Galileo observó a finales de 1610, le pareció que aportaba una confirmación empírica al sistema heliocéntrico de Copérnico, ya que éste, y no el de Tolomeo, estaba en condiciones de proporcionar una explicación para el fenómeno.
Ansioso de dar a conocer sus descubrimientos, Galileo redactó a toda prisa un breve texto que se publicó en marzo de 1610 y que no tardó en hacerle famoso en toda Europa: el Sidereus Nuncius, el ‘mensajero sideral’ o ‘mensajero de los astros’, aunque el título permite también la traducción de ‘mensaje’, que es el sentido que Galileo, años más tarde, dijo haber tenido en mente cuando se le criticó la arrogancia de atribuirse la condición de embajador celestial.
El libro estaba dedicado al gran duque de Toscana Cósimo II de Médicis y, en su honor los satélites de Júpiter recibían allí el nombre de «planetas Medíceos». Con ello se aseguró Galileo su nombramiento como matemático y filósofo de la corte toscana y la posibilidad de regresar a Florencia, por la que venía luchando desde hacía ya varios años. El empleo incluía una cátedra honoraria en Pisa, sin obligaciones docentes, con lo que se cumplía una esperanza largamente abrigada y que le hizo preferir un monarca absoluto a una república como la veneciana, ya que, como él mismo escribió, «es imposible obtener ningún pago de una república, por espléndida y generosa que pueda ser, que no comporte alguna obligación; ya que, para conseguir algo de lo público, hay que satisfacer al público».
La batalla del copernicanismo
El 1611 un jesuita alemán, Christof Scheiner, había observado las manchas solares publicando bajo seudónimo un libro acerca de las mismas. Por las mismas fechas Galileo, que ya las había observado con anterioridad, las hizo ver a diversos personajes durante su estancia en Roma, con ocasión de un viaje que se calificó de triunfal y que sirvió, entre otras cosas, para que Federico Cesi le hiciera miembro de la Accademia dei Lincei que él mismo había fundado en 1603 y que fue la primera sociedad científica de una importancia perdurable.
Bajo sus auspicios se publicó en 1613 la Istoria e dimostrazione interno alle macchie solari, donde Galileo salía al paso de la interpretación de Scheiner, quien pretendía que las manchas eran un fenómeno extrasolar («estrellas» próximas al Sol, que se interponían entre éste y la Tierra). El texto desencadenó una polémica acerca de la prioridad en el descubrimiento, que se prolongó durante años e hizo del jesuita uno de los más encarnizados enemigos de Galileo, lo cual no dejó de tener consecuencias en el proceso que había de seguirle la Inquisición. Por lo demás, fue allí donde, por primera y única vez, Galileo dio a la imprenta una prueba inequívoca de su adhesión a la astronomía copernicana, que ya había comunicado en una carta a Kepler en 1597.
Ante los ataques de sus adversarios académicos y las primeras muestras de que sus opiniones podían tener consecuencias conflictivas con la autoridad eclesiástica, la postura adoptada por Galileo fue la de defender (en una carta dirigida a mediados de 1615 a Cristina de Lorena) que, aun admitiendo que no podía existir contradicción ninguna entre las Sagradas Escrituras y la ciencia, era preciso establecer la absoluta independencia entre la fe católica y los hechos científicos. Ahora bien, como hizo notar el cardenal Bellarmino, no podía decirse que se dispusiera de una prueba científica concluyente en favor del movimiento de la Tierra, el cual, por otra parte, estaba en contradicción con las enseñanzas bíblicas; en consecuencia, no cabía sino entender el sistema copernicano como hipotético. En este sentido, el Santo Oficio condenó el 23 de febrero de 1616 al sistema copernicano como «falso y opuesto a las Sagradas Escrituras», y Galileo recibió la admonición de no enseñar públicamente las teorías de Copérnico.
Parte final del documento de abjuración de Galileo
Galileo, conocedor de que no poseía la prueba que Bellarmino reclamaba, por más que sus descubrimientos astronómicos no le dejaran lugar a dudas sobre la verdad del copernicanismo, se refugió durante unos años en Florencia en el cálculo de unas tablas de los movimientos de los satélites de Júpiter, con el objeto de establecer un nuevo método para el cálculo de las longitudes en alta mar, método que trató en vano de vender al gobierno español y al holandés.
En 1618 se vio envuelto en una nueva polémica con otro jesuita, Orazio Grassi, a propósito de la naturaleza de los cometas, que dio como resultado un texto, Il Saggiatore (1623), rico en reflexiones acerca de la naturaleza de la ciencia y el método científico, que contiene su famosa idea de que «el Libro de la Naturaleza está escrito en lenguaje matemático». La obra, editada por la Accademia dei Lincei, venía dedicada por ésta al nuevo papa Urbano VIII, es decir, el cardenal Maffeo Barberini, cuya elección como pontífice llenó de júbilo al mundo culto en general y, en particular, a Galileo, a quien el cardenal había ya mostrado su afecto.
La nueva situación animó a Galileo a redactar la gran obra de exposición de la cosmología copernicana que ya había anunciado en 1610: el Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo, tolemaico e copernicano; en ella, los puntos de vista aristotélicos defendidos por Simplicio se confrontaban con los de la nueva astronomía abogados por Salviati, en forma de diálogo moderado por la bona mens de Sagredo. Aunque la obra fracasó en su intento de estar a la altura de las exigencias expresadas por Bellarmino, ya que aportaba, como prueba del movimiento de la Tierra, una explicación falsa de las mareas, la inferioridad de Simplicio ante Salviati era tan manifiesta que el Santo Oficio no dudó en abrirle un proceso a Galileo, pese a que éste había conseguido un imprimatur para publicar el libro en 1632. Iniciado el 12 de abril de 1633, el proceso terminó con la condena a prisión perpetua, pese a la renuncia de Galileo a defenderse y a su retractación formal. La pena fue suavizada al permitírsele que la cumpliera en su quinta de Arcetri, cercana al convento donde en 1616 y con el nombre de sor Maria Celeste había ingresado su hija más querida, Virginia, que falleció en 1634.
En su retiro, donde a la aflicción moral se sumaron las del artritismo y la ceguera, Galileo consiguió completar la última y más importante de sus obras: los Discorsi e dimostrazioni matematiche intorno à due nueve scienze, publicado en Leiden por Luis Elzevir en 1638. En ella, partiendo de la discusión sobre la estructura y la resistencia de los materiales, Galileo sentó las bases físicas y matemáticas para un análisis del movimiento, que le permitió demostrar las leyes de caída de los graves en el vacío y elaborar una teoría completa del disparo de proyectiles. La obra estaba destinada a convertirse en la piedra angular de la ciencia de la mecánica construida por los científicos de la siguiente generación, con Newton a la cabeza.
El telescopio y sus consecuencias
Invención del telescopio
En mayo de 1609, Galileo recibe de París una carta del francés Jacques Badovere, uno de sus antiguos alumnos, quien le confirma un rumor insistente: la existencia de un telescopio que permite ver los objetos lejanos. Fabricado en Holanda, este telescopio habría permitido ya ver estrellas invisibles a simple vista. Con esta única descripción, Galileo, que ya no da cursos a Cosme II de Médicis, construye su primer telescopio. Al contrario que el telescopio holandés, éste no deforma los objetos y los aumenta 6 veces, o sea el doble que su oponente. También es el único de la época que consigue obtener una imagen derecha gracias a la utilización de una lente divergente en el ocular. Este invento marca un giro en la vida de Galileo.
El 21 de agosto, apenas terminado su segundo telescopio (aumenta ocho o nueve veces), lo presenta al Senado de Venecia. La demostración tiene lugar en la cima del Campanile de la plaza de San Marco. Los espectadores quedan entusiasmados: ante sus ojos, Murano, situado a 2 km y medio, parece estar a 300 m solamente.
Galileo ofrece su instrumento y lega los derechos a la República de Venecia, muy interesada por las aplicaciones militares del objeto. En recompensa, es confirmado de por vida en su puesto de Padua y sus emolumentos se duplican. Se libera por fin de las dificultades financieras.
Sin embargo, contrario a sus alegaciones, no dominaba la teoría óptica y los instrumentos fabricados por él son de calidad muy variable. Algunos telescopios son prácticamente inutilizables (al menos en observación astronómica). En abril de 1610, en Bologna, por ejemplo, la demostración del telescopio es desastrosa, como así lo informa Martin Horky en una carta a Kepler.
Galileo reconoció en marzo de 1610 que, entre más de 60 telescopios que había construido, solamente algunos eran adecuados. Numerosos testimonios, incluido el de Kepler, confirman la mediocridad de los primeros instrumentos.
La observación de la Luna
Durante el otoño, Galileo continuó desarrollando su telescopio. En noviembre, fabrica un instrumento que aumenta veinte veces. Emplea tiempo para volver su telescopio hacia el cielo. Rápidamente, observando las fases de la Luna, descubre que este astro no es perfecto como lo quería la teoría aristotélica. La física aristotélica, que poseía autoridad en esa época, distinguía dos mundos:
el mundo « sublunar », que comprende la Tierra y todo lo que se encuentra entre la Tierra y la Luna; en este mundo todo es imperfecto y cambiante;
el mundo « supralunar », que comienza en la Luna y se extiende más allá. En esta zona, no existen más que formas geométricas perfectas (esferas) y movimientos regulares inmutables (circulares).
Galileo, por su parte, observó una zona transitoria entre la sombra y la luz, el terminador, que no era para nada regular, lo que por consiguiente invalidaba la teoría aristotélica y afirma la existencia de montañas en la Luna. Galileo incluso estima su altura en 7000 metros, más que la montaña más alta conocida en la época. Hay que decir que los medios técnicos de la época no permitían conocer la altitud de las montañas terrestres sin fantasías. Cuando Galileo publica su Sidereus Nuncius piensa que las montañas lunares son más elevadas que las de la Tierra, si bien en realidad son equivalentes.
La cabeza pensando en las estrellas
En pocas semanas, descubrirá la naturaleza de la Vía láctea, cuenta las estrellas de la constelación de Orión y constata que ciertas estrellas visibles a simple vista son, en verdad, cúmulos de estrellas. Galileo observa los anillos de Saturno pero no descubre su naturaleza. Estudia igualmente las manchas solares.
El 7 de enero 1610, Galileo hace un descubrimiento capital: remarca 3 estrellas pequeñas en la periferia de Júpiter.[13] Después de varias noches de observación, descubre que son cuatro y que giran alrededor del planeta. Se trata de los satélites de Júpiter, que llama Calixto, Europa, Ganimedes e Io, (llamadas hoy satélites galileanos). El 4 de marzo 1610, publica en Florencia sus descubrimientos dentro de El mensajero de las estrellas (Sidereus Nuncius), resultado de sus primeras observaciones estelares.
Para él, Júpiter y sus satélites son un modelo del Sistema Solar. Gracias a ellos, piensa poder demostrar que las órbitas de cristal de Aristóteles no existen y que todos los cuerpos celestes no giran alrededor de la Tierra. Es un golpe muy duro a los aristotélicos. Él corrige también a ciertos copernicanos que pretenden que todos los cuerpos celestes giran alrededor del Sol.
A fin de protegerse de la necesidad y sin duda deseoso de retornar a Florencia, Galileo llamará los satélites de Júpiter por algún tiempo los « astros mediciens », en honor de Cosme II de Médicis, su antiguo alumno y gran duque de Toscana. Galileo no ha dudado entre Cosmica sidera y Medicea sidera. El juego de palabras « Cosmica = Cosme » es evidentemente voluntario y es sólo después de la primera impresión que retiene la segunda denominación.
El 10 de abril, muestra estos astros a la corte de Toscana. Es un triunfo. El mismo mes, da tres cursos sobre el tema en Padua. Siempre en abril, Johannes Kepler ofrece su apoyo a Galileo. El astrónomo alemán no confirmará verdaderamente este descubrimiento — pero con entusiasmo — hasta septiembre, gracias a una lente ofrecida por Galileo en persona.
Cuatro construcciones conforman la gran apuesta de Valencia para el siglo XXI.
Junto al viejo cauce del río Turia, por su parte más cercana al mar, crece una construcción llamada a ser en el futuro el simbolo visual y emblemático de Valencia, su imagen y referencia a nivel mundial: la futurista ciudad de las Artes y las Ciencias, de la que es autor el arquitecto valenciano Santiago Calatrava. El conjunto está integrado por cuatro elementos, L’Hemisfèric ( cine con tecnologia IMAX ), el Museo de las Ciencias Principe Felipe, Palau de les Arts Reina Sofía y L’Oceanogràfic.
L’Hemisfèric
En abril de 1998 comenzó a funcionar este singular edificio, concebido por el arquitecto Santiago Calatrava como un gran ojo humano que se abre al mundo. Es una creación arquitectónica realizada para que el espectador pueda, en un mismo espacio, experimentar las sensaciones ofrecidas por un planetario convencional junto a las extraordinarias percepciones que provocan las proyecciones cinematográficas de formato IMAX Dome.
Rodeado por un estanque espectacular de 24.000 metros cuadrados que permite ver reflejada una esfera completa en el agua, este edificio de 14.000 metros cuadrados que posee el sistema de proyección astronómica más moderno, controlado por ordenador, para la representación completa del cielo y de los cuerpos celestes sobre una superficie de 24 m de diámetro y con 30 grados de inclinación.
Museo de las Ciencias Príncipe Felipe
El Museo de las Ciencias “Príncipe Felipe”, diseñado por Santiago Calatrava, es un museo abierto, dinámico y con grandes espacios de libre acceso. Cuenta con tres plantas principales de unos 8.000m² expositivos cada una. Se trata de un edificio pionero en acuerdos de colaboración e intercambio con los centros de ciencias más importantes del mundo, entre los cuales podemos citar los de San Francisco, Chicago, Londres, París,… es un centro interactivo, donde poder aprender divirtiéndose y descubrir por uno mismo como han contribuido la ciencia y la tecnología a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.
L’Oceanogràfic
Toda una ciudad submarina concebida como un parque natural y un centro cientifico educativo y recreativo dentro de una zona verde.
El complejo, uno de los más grandes del mundo y el más grande de Europa en su género. Con una superficie de 110.000 m² y un volumen de 42 millones de litros de agua salada está formado por una serie de lagos y lagunas con agua de distinta calidad (salinidad, temperatura, profundidad ) y diferentes tipos de costas e islas. En todos ellos se reproducen variadas formas geológicas y vegetales de cada zona climática de la tierra, desde el Pacifico Sur al Caribe, de las áreas templadas del mar Mediterráneo a las frias aguas del Atlántico Norte y la Antártida, pasando por la selva tropical húmeda y calida del Amazonas. En cada zona se incluye la fauna acuática correspondiente y muy especialmente aquellas especies en peligro de extinción. Por supuesto, y como no podia ser de otra manera, el complejo acuático contiene un un importante y descomunal delfinario.
Palau de les Arts Reina Sofía
Concebido como un gran complejo musical, uno de los mayores del mundo de este género, el edificio tiene una superficie de 40.000 metros cuadrados en doce niveles, con salas específicas para los diferentes tipos de audiciones.
Con una innovadora línea arquitectónica de forma lenticular y una sobrecubierta o pluma de 237 metros, el Palau de les Arts Reina Sofía tiene 75 metros de altura, 163 de longitud interior y 87 de ancho, así como unas cubiertas voladizas laterales de 27.550 metros cuadrados recubiertas de trencadís, un material a base de cerámica y mármol. Para la construcción del edificio se han empleado 57.000 metros cúbicos de hormigón blanco, 10.500 toneladas de acero estructural y 20.000 metros cuadrados de granito.
El auditorio alberga cuatro salas de audición: una sala principal con capacidad para 1.700 butacas, un aula magistral para cuatrocientas personas, un auditorio superior con 1.520 localidades y una sala de cámara con cuatrocientas butacas, que en conjunto suman un aforo total de 4.000 localidades.
L’Umbracle
L’Umbracle es el pórtico de entrada a la Ciudad de las Artes y las Ciencias, una zona verde de libre acceso de 7.000 metros cuadrados, 320 metros de longitud y 60 metros de anchura. L’Umbracle está conformado por una sucesión de 55 arcos fijos y 54 arcos flotantes de 18 metros de altura. Sobre ellos crecerán plantas enredaderas, lo que proporcionará sombra a lo largo de todo el paseo ajardinado y dará a L’Umbracle el aspecto del “Winter Garden” novecentista.
En contraste con el hormigón, el paseo cubre su pavimento con madera de Teka, una madera de origen tropical adecuada para los espacios exteriores que soporta las agresiones del viento y la lluvia con un desgaste mínimo.
Title: Love dream
Artist/Group: Liszt
Title: Nocturne For Violin And Piano
Artist/Group: Chopin